No paro de darle vuelta al título y se me ocurren tantas cosas que es imposible el escribirlas todas.
Las palabras se pelean en mi cabeza porque quieren salir todas a la vez.
Es curioso, para describir el silencio necesito utilizar palabras que lo matan. Rompo el silencio, ahora, mientras me lees, cada apalabra que escribo se escucha en tu mente, y si te lo están leyendo ni te cuento.
Nunca podremos dejar de estar rodeados de ruido, siempre escuchando el eco de nuestros pensamientos o nuestra propia respiración, incluso en el más estricto de los silencios.
Creía que no había nada que diese más miedo que la muerte. Estaba equivocada. El silencio es un gran enigma, siempre presente en nuestro vocabulario pero tan ausente en la vida. Lo que yo llamo silencio no existe en vida.
El silencio nos da tanto miedo... sentirlo estando vivo es como estar vacío, el vacío te hace sentirte muerto.
Silencio, ausencia de cualquier tipo de lenguaje, escrito, hablado, miradas, gestos...
Muertos en vida, vacíos. Pero llenos de silencio.
Toda un eternidad para disfrutar de él.
Llenarte de él.
Convivir con él.
El único acompañante en el camino de la muerte.
¿Necesitamos el silencio en vida para desconectar de ésta y poder sentirnos muertos por unos instantes?
Será que sí. Porque en la reflexión no hay silencio, sólo ruido que te lleva a más ruido.
¿Tenemos necesidad de ruido? Necesidad de callarlo.
Si el silencio hablase nos llenaría de significados desconocidos.
Tiene que ser importante si se tiene una eternidad para disfrutarlo.
La necesidad de huir de tu propio ruido. Salir a respirar silencio, inundar tus pulmones de un todo callado.
¿Sabes qué? Nada.
lunes, 11 de mayo de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
Y así la veían los que sabían mirarla.
Olió su café como si fuese el más delicado de los perfumes.
Pasaba las hojas de su libro con tanta delicadeza que parecía que tenía miedo a que el libro se rompiese.
Sus suaves labios besaban la taza para dar pequeños sorbos a su amargo y dulce café.
A veces, su mirada se perdía. No sé qué miraba, ni en qué pensaba. Me hubiese encantado preguntarla.
Preguntar sobre ella, sobre sus lágrimas ahogadas entre las páginas de sus libros, su sonrisa vacía intentando dar las gracias de forma sutil y sigilosa.
Pasaba las hojas de su libro con tanta delicadeza que parecía que tenía miedo a que el libro se rompiese.
Sus suaves labios besaban la taza para dar pequeños sorbos a su amargo y dulce café.
A veces, su mirada se perdía. No sé qué miraba, ni en qué pensaba. Me hubiese encantado preguntarla.
Preguntar sobre ella, sobre sus lágrimas ahogadas entre las páginas de sus libros, su sonrisa vacía intentando dar las gracias de forma sutil y sigilosa.
jueves, 9 de abril de 2015
.
He intentado tantas veces escribir cosas románticas...
He querido llegar a sentir, desear. Pero no hay nada.
Todos me dicen que es porque no he encontrado a esa persona que me haga sentir.
Pero y si la he encontrado pero la he dejado marchar, o directamente ni me he parado a descubrirla más allá de lo que hice...
No sé.
Nunca he amado.
Me enamoré. Una vez. De un fantasma de ilusión durante 11 años.
A día de hoy sigue siendo la misma retrasada de hace tres años, que se pone nerviosa y colorada como un tomate cuando le ve, y que se olvida de cómo se hablaba.
Qué inútil.
Le abrí una parte de mí que ahora mismo creo que he perdido. O que he escondido demasiado bien por miedo.
No sé.
Tengo tantas ganas pero a la vez lo odio tanto.
Odio mi ilusión de entrar en el campo sentimental con otra persona.
Pero parece que lo necesitas.
Es como si lo echase de menos. Pero eso es imposible.
No sé.
Qué mal.
Todos avanzan y es como si yo me hubiese detenido en el tiempo.
He querido llegar a sentir, desear. Pero no hay nada.
Todos me dicen que es porque no he encontrado a esa persona que me haga sentir.
Pero y si la he encontrado pero la he dejado marchar, o directamente ni me he parado a descubrirla más allá de lo que hice...
No sé.
Nunca he amado.
Me enamoré. Una vez. De un fantasma de ilusión durante 11 años.
A día de hoy sigue siendo la misma retrasada de hace tres años, que se pone nerviosa y colorada como un tomate cuando le ve, y que se olvida de cómo se hablaba.
Qué inútil.
Le abrí una parte de mí que ahora mismo creo que he perdido. O que he escondido demasiado bien por miedo.
No sé.
Tengo tantas ganas pero a la vez lo odio tanto.
Odio mi ilusión de entrar en el campo sentimental con otra persona.
Pero parece que lo necesitas.
Es como si lo echase de menos. Pero eso es imposible.
No sé.
Qué mal.
Todos avanzan y es como si yo me hubiese detenido en el tiempo.
sábado, 4 de abril de 2015
Adivinanza.
Era de noche.
Miedo tenía.
Por qué se preguntaba.
Inmensa agonía.
Encerrada.
Zarpaba sin barco.
A dónde se dirigía.
Esperaba siempre.
Le costaba respirar.
Risas de cansancio.
Estaba tan triste.
Triste sonreía.
Ocultaba un secreto..
Buscaba su respuesta.
Usurpaba sentimientos.
Se escondía entre las sombras.
Cedía miradas.
Atenta, con miedo.
Escondía un gran secreto.
Lo descubriría el más intrépido.
Su miedo la cegaba.
Entendía lo incomprensible.
Cantaba sin voz.
Reía sin sonrisa.
Escondida.
Todavía.
Olvidada seguía.
Nada.
A todo hay que ponerle un título, un algo que describa un todo que sentimos.
Siempre buscando palabras para que encajen. Menuda panda de subnormales.
Ése no sé qué no escrito.
Tengo ganas de vomitar todo lo que sé y empezar de nuevo.
No tengo ganas de que nada de lo que escriba guarde algún tipo de conexión o ni siquiera sentido.
Encerrarse en uno mismo es lo menos que necesito.
Por qué tanta mierda con tanto nombre.
Por qué la mierda más grande es la que no sabría explicar.
Por qué tengo ganas de que alguien me entienda.
Y estás ganas tontas de mantenerme en ningún lugar.
Necesito salir. Sin destino. Sin ganas. Sin nada.
Todo me lleva a una palabra. Y esa palabra me lleva a menos.
Qué raro se me hace huir cuando no puedo.
Lo intento. Intento escaparme de... Ah no, espera, no puedo.
Por qué te has vuelto tan... no sabría decírtelo.
Te lo digo a ti. Bueno... a mí, que para el caso es lo mismo.
Qué nos queda si nunca hubo nada.
Por qué sigo esperando. Aunque ya sepa que no espero nada. Pero ahí sigo, queriendo.
Queda feo ilusionarse.
Nos quitaron las ganas con más ganas.
¿Abrazamos o simplemente golpeamos sin fuerza?
Ojos cerrados pero tan abiertos que parece que estás muerto.
Reír con tanta gana que se te va por la garganta.
Quizás sea eso. Tengo que reír con menos ganas para guardarme algo.
Golpeo las teclas imaginándome que es un piano y no veáis lo bien que me hace sentir.
Y acaricio el teclado cuando no sé qué decir como si esperase que escribiese por mí, pensase por mí.
Me dejaría dormir y no sabría dónde acabar.
Elige por mí. No me dejes.
Tenemos miedo a respirar. Bueno, a pensar cómo respiramos.
Miedo a la soledad. No. Miedo a dejarme sola.
¿Por qué la nada es lo único que siempre está ahí?
¿Por qué tenemos miedo?
Qué frío tengo en los pies.
Qué cálidas tengo las manos.
Qué muerto tengo el cuerpo.
Qué mal lleno tengo el alma.
Qué mal me hago sentir sola.
Necesidad. Odio la necesidad de necesitar.
La obligación de estar cuando eres necesitado.
El miedo que da ser necesitado.
No me gusta que penséis que soy una persona fuerte.
Porque no lo soy.
Simplemente ahí estoy sin pensar.
Pero qué mal me viene pensar a veces.
Si pensase siempre no haría lo que hago muchas veces.
Luego lo pienso y... nos caemos.
Por qué, por qué el lobo habla y es jodidamente tan inteligente.
Porque sólo sale de noche. Cuando todos duermen o no están pendientes de nadie. Cuando su existencia es sólo tuya y nadie más podrá arrancarle de ti.
Déjame decirte una cosa.
Si has llegado a leerme... no sé qué quieres ni qué buscas.
Pero olvídalo todo.
Quédate con lo superficial y convive con ello.
No busques en mí más de lo que ves.
Es un aviso.
Prohibido entrar.
A no ser que me quieras matar.
O para ti salvar.
Me da igual.
¿Qué buscas?
¿Quieres una reflexión?
¿Un porqué de la existencia de otra cara de la moneda?
Por si no lo sabías tú tienes otra cara.
Puede ser más bonita que la que muestras, más atractiva o más interesante.
Pero es jodidamente tranquilo estar entre las sombras y salir cuando te plazca.
Porque nadie te controla.
A veces destruyes todo. Te conoces. Te alejas. Porque no quieres destruir lo que tanto quieres y tanto te ha costado conseguir.
A mí todo eso me parecen gilipolleces.
Estás solo.
Y NADA te va a salvar.
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